miércoles, 9 de mayo de 2012

INFORME SOBRE VIOLENCIA DOMÉSTICA

"La violencia hacia la mujer es una herencia cultural"*


Candela Gomes Diez.
 
En el séptimo piso de la calle Carlos Pellegrini 211 se ubica la “Dirección General de la Mujer”, que depende del Ministerio de Desarrollo Social del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Allí funcionan tres líneas telefónicas que brindan información y asesoramiento acerca de diversas problemáticas. La línea “Derecho a la Salud”, informa sobre el derecho a la salud de la mujer, la línea “Te ayudo”, atiende casos de maltrato y abuso sexual infanto-juvenil, y la línea “Mujer”, casos de violencia doméstica hacia la mujer y delitos sexuales.

En esta última área se desempeñan Beatriz Casas, Licenciada en Psicología y Silvia Noguera, psicóloga social y técnica en sociopolítica de género. 
Su trabajo consiste en asesorar a las mujeres víctimas de maltrato en el hogar, a quienes se les ofrece contención psicológica y datos acerca de los principales centros asistenciales u oficinas donde poder recibir atención personalizada o realizar una denuncia.

Los casos de violencia contra la mujer son cada vez más resonantes. Los medios de comunicación se hacen eco de hechos de abuso que terminan en asesinato, aún cuando la víctima había advertido sobre esta situación de peligro inminente. No obstante, esta difusión masiva creciente no implica la existencia de un aumento de los casos, sino una mayor visibilización de la problemática, a la vez que promueve el incremento de los llamados y denuncias de mujeres que sufren maltrato y que toman conciencia del riesgo que corren. 

 “La problemática de falta de equidad de género está enmarcada dentro de un sistema de patriarcado. La víctima no puede, a veces, visibilizar la violencia que vive porque es una herencia cultural. La violencia está naturalizada”, afirma Silvia Noguera, y agrega: “El maltrato la paraliza, le quita identidad propia; esto implica que no tiene decisión de lo que puede o no puede hacer. Desde nuestro lugar, tratamos de contenerla y de hacerle ver qué es lo que está pasando, para que ella sepa que está en riesgo si sigue estando en ese lugar”.

A propósito, la licenciada Casas sostiene: “En general, estas mujeres tienen hijos, y si ellos crecen en ese ambiente lamentablemente copian ese modelo de padre violento”. En la misma línea, su colega advierte: “La violencia no es una enfermedad, es una actitud aprendida, y eso es lo que le hacemos ver a la mujer, que si no cambia su realidad, el que va a sufrir en un futuro va a ser su hijo”.

Tomar conciencia del rol de víctima implica un proceso arduo para la mujer. La decisión de darle fin a la humillación le puede garantizar el acceso a la recuperación de sus derechos, pero también puede exponerla a una situación de mayor vulnerabilidad, puesto que su autonomía implica la desvinculación del agresor, que la percibe como su propiedad. Por ello mismo, el gran porcentaje de llamados que alertan sobre un caso de violencia lo efectúa un familiar, amigo o conocido de la mujer agredida.

Es común también que ella justifique al victimario, y que transcurrido un tiempo lo perdone y vuelva junto a él, en la creencia de que el acto violento no se repetirá. Así opera este círculo de poder que Noguera busca explicar a través de una terrible metáfora biológica: “El violento es como un animal depredador. Inmoviliza a la víctima, la paraliza para poder someterla”. “La mujer no trabaja, no puede salir, el hombre le corta las redes sociales, las redes familiares; a la mujer no le queda nadie, no tiene a quién recurrir, está aislada. Así, se llega a niveles impresionantes de sometimiento y control”, añade Casas.

Si bien en la “Dirección General de la Mujer” se atienden casos particulares de la Ciudad de Buenos Aires, también se reciben llamados de la Provincia de Buenos Aires y de otros puntos del país, a los cuales se busca dar respuesta de igual manera. Si la víctima es quien se comunica, y reside en la Ciudad de Buenos Aires, se la deriva a los “Centros Integrales de la Mujer” (CIM), donde recibe contención psicológica y asesoramiento jurídico. Si pertenece a otra jurisdicción, se le informa acerca del centro más cercano y confiable al que puede asistir.

Para los casos en los que se decide avanzar en una denuncia policial, en la Ciudad de Buenos Aires se puede acudir a la “Oficina de Violencia Doméstica” (OVD), que pertenece a la Nación. En Provincia de Buenos Aires, en cambio, el proceso es más complejo y en muchas comisarías no se toma la denuncia, lo que implica una doble estigmatización de la víctima.

Desde el terreno jurídico, es la Ley Nº 26.485 (Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales), sancionada en marzo del 2009, la que ampara a la mujer contra el maltrato. En su artículo 5º contempla los distintos tipos de violencia de los que puede ser objeto: violencia física, psicológica, sexual, económica y patrimonial y simbólica, y en su artículo 6º, las modalidades de violencia, tales como: violencia doméstica, institucional, laboral, contra la libertad reproductiva, obstétrica y mediática.

La denuncia se realiza en el fuero civil, donde se otorgan las medidas cautelares, que son la exclusión del hogar eventualmente y la prohibición de acercamiento. Si la mujer quiere avanzar en la causa penal, recién a través de esa vía puede hacerse efectivo el encarcelamiento del agresor. 

El Programa de Patrocinio de Querellas (PROPAQUE), que surgió de un convenio realizado en 2009, entre el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal junto al Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, brinda asesoramiento jurídico gratuito a las mujeres víctimas de violencia que carezcan de recursos y quieran ser querellantes en un proceso penal.

Aunque la violencia no es una conducta específica de una clase social particular, son las clases medias y medias bajas quienes consultan y denuncian con mayor frecuencia. “Las clases sociales altas quizás están más condicionadas de poder visibilizar la situación de violencia, y de buscar ayuda, por “el que dirán”, señala Noguera. Aunque en verdad, afirma también que el contexto es relativo, porque cualquier mujer tiene miedo al prejuicio. Quizás, la diferencia entre una clase y otra esté más bien dada por los recursos económicos que se poseen para que alejarse de la situación de abuso sea más sencillo.

El mes pasado, la Cámara de Diputados aprobó, de forma unánime, la figura de “femicidio”, que modifica el artículo 80 del código penal y agrava las penas para los femicidas. Al respecto, Noguera reconoce el avance que implica este proyecto si fuera convertido en ley, puesto que permite reconocer al femicidio como un tipo de asesinato particular, vinculado a la violencia de género, y no lo naturaliza como un asesinato más. Sin embargo, Beatriz Casas asegura que “esta ley no hará que disminuya la cantidad de muertes, y que no detendrá al violento”.

La violencia está atravesada por lo socio-cultural. Para intentar erradicar esta conducta, tiene que emprenderse un proceso doble de aprendizaje y desaprendizaje de ciertas creencias y actitudes. “Hay paradigmas preestablecidos en la cultura que generan esta situación patriarcal. Hay que empezar a establecer nuevos paradigmas de las mujeres para las mujeres. Si no cambiamos esa mentalidad patriarcal no vamos a lograr una transformación dentro de la sociedad. Este cambio depende mucho de la misma mujer”, asegura Silvia. “El patriarcado somete tanto a la mujer como al hombre. A éste le indica que no debe llorar”, agrega.

En esta misión de promover el cambio y generar alternativas, Beatriz Casas sostiene que es primordial la educación de las personas, desde pequeñas: “Es importante educar a los hijos de una manera en que entiendan que los roles entre el hombre y la mujer son intercambiables, que en ningún lado está escrito lo que debe hacer cada uno”.

En definitiva, de lo que se trata es de instalar como canon la equidad entre ambos géneros, desplazar el pensamiento que postula una diferencia social entre los sexos y construir las condiciones en las que la mujer pueda, a la par del hombre, desarrollar sus capacidades creativas y realizarse de forma plena en la sociedad, como un sujeto de derechos.


Información:
La Línea Mujer atiende los 365 días del año durante las 24 hs
Línea gratuita:
0800-66-MUJER (68537)

*Nota publicada en el diario on line: www.thetgpost.com

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